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Originally uploaded by John_F
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Casa Batlló
El dragón de San Jordi se baña en el mar
va por la vía de Gracia, cubierto de rosas
riela y ondea sus escamas coloridas
que retan al sol a que las destiña,
no lo puedo dejar de mirar,
hipnótico es su llamado,
voy a él, hasta su cubil,
me dejo atrapar, me moja de azul, me arropa con maple
me tiende alfombra de mármol en la escalinata,
acaricio su piel, suave café-au-lait
me abrazan sus curvos dinteles
sus puertas mágicas de ebanistería en onda
con olas y burbujas que efervecen en los cristales,
azul la luz, que me revela los huecos
y los secretos de su palpitar,
todo es vivo, se mueve, me mueve,
giros, vórtices, ámbar, que seducen a la atmósfera,
columnas que resguardan salidas,
centinelas inmóviles en un fluir líquido,
nado con el dragón, en el dragón, por el dragón
y floto ingrávida,
asciendo contracorriente por la cascada,
ondulante,
entre la fluctuación de redes de pesca
que la matizan con hierro, me detienen,
la luz me impulsa a subir,
llego al desván, es un nautilius, laberinto albo,
espiral en que deambulo,
que gozo, entre el claroscuro de sus cámaras,
no quiero salir, me siento segura dentro
¿Acaso Gaudí inventó para mi ésto ?
En la azotea, la luz está descompuesta
en fragmentos irisados de porcelana,
está guardada por ocho soldados bicéfalos,
vigilantes de la paz del dragón
y el espacio del agua,
claustro de agua en agua,
no quiero despertar de este sueño,
no quiero dejar al dragón.
Casa de los Huesos, casa onírica.
Desde nuestro encuentro en Barcelona,
por las noches, el dragón me visita,
me presta su laberinto de nácar.
Copyright© María de Lourdes Ramírez Dueñas
Todos los derechos reservados
Prohibida su reproducción total o parcial
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